De Abya Yala al Kurdistán, los pueblos se levantan por la revolución!

Por Colectivo Xwebûn, en algún lugar del centro-oeste brasileño

Saludos compañeras y compañeros, hablo de la frontera oeste del estado brasileño, donde hace 2 siglos se desarrolla una guerra de extermínio en contra los pueblos indígenas de esta región, en especial los Guarani y los Kaiowá y todos sus mártires – como Vicente Fernandes Vilhalva, asesinado el 16 de noviembre de 2025 por las fuerzas del latifundio y sus milicias en el sur del estado de Mato Grosso do Sul. Por su turno, los pueblos resisten por medio de la recuperación de sus tierras ancestrales, desafiando al latifundio, que es el fundamento de la violencia del estado brasileño en contra los pueblos, un Estado erigido sobre millones de cuerpos indígenas y negros como consecuencia de la larga herida colonial que nos atraviesa. Es a partir de estes territorios en resistencia, que insurgen en contra los nuevos colonizadores, donde estamos en lucha como movimientos múltiplos, rebeldes y populares, compartiendo la voz y el legado de nuestros mártires en Brasil y Abya Yala con los/las mártires en Kurdistán, faro de nuestras luchas comunes por la vida. Así, es muy importante recordar la memoria y la lucha de Şehîd Lêgerîn, que dio su vida por la revolución y abrió el camino para el internacionalismo en Abya Yala y nuestra propia búsqueda por libertad: su búsqueda se tornó colectiva.

Desde dónde venimos, defendemos hasta el final el paradigma de Rêber Apo y poco a poco tejemos caminos de libertad con lo que aprendimos de la revolución kurda y el movimiento de liberación; decimos a ustedes, compas que resisten en Kurdistan, en Rojava o en las montañas: tu lucha es nuestra lucha, y nuestros corazones y almas se unen a ustedes, aunque tan lejos, en este momento de defensa y liberación de la humanidad, con la vanguardia compartida entre los pueblos del mundo que se atrevieron a decir ya basta. Ustedes no están solos. En esta semana empezamos en Abya Yala muchas acciones de solidaridad, y no vamos a parar hasta la victoria. Rojava vencerá. La victoria de Rojava ya es una realidad, confirmada por los esfuerzos internacionalistas, por encuentros como este, que nos hacen sentir que el hilo que tejieron desde las montañas de Kurdistan es tan fuerte y profundo, que con él empezamos a tejer y compartir nuestras manos, nuestras vidas y sueños por un mundo donde quepan muchos mundos, como dicen los zapatistas, coloridos con las sendas de la revolución kurda involucrada en nuestras practicas cotidianas y en la basis de la acción colectiva.

Dicho esto, y pensando otra vez con los y las zapatistas, la revolución en Kurdistán se une a las insurrecciones populares en Abya yala como grietas ante el gran muro de la tercera guerra mundial, metáfora que se combina con la hidra capitalista como imagen del sistema-mundo, conductora de la «espoliación violenta» colonial, que regresa para dar continuidad al «mar de sangre y lodo» que produce. Los zapatistas nos dicen que el muro cambia su apariencia. “As veces, es un grande espejo que reflete la imagen de destrucción y muerta, como si no hubiera otra alternativa posible. As veces parece agradable y surge un paisaje plácido en su superficie. Otras, es duro y gris, intentando convencernos de su solidez impenetrable”. El rol que asumimos y compartimos, compas, es de hacer más grande las grietas. En estas grietas, miramos en este día hacia ustedes, para imaginar todo que es posible hacer ahora y mañana.

En Abya Yala, desde la primera invasión europea en 1492, lo que empezó fue un proyecto colonial genocida que con el tiempo sometió a los pueblos al trabajo esclavo en minería y grandes plantaciones de azúcar. El capitalismo que nasció en nuestro continente, sin proletarios (Zibechi, 2022), fue a partir de la tentativa de destrucción de muchas maneras de existir no capitalistas, de vidas comunales que intentaron masacrar como modo de disciplinar la gente, de colonizarlas a través de la ideología de la raza como constructora del Estado mismo, fundado en el patriarcado que exportaron los europeos para expropiar los pueblos de su propia política y existencia. Algunas fuentes hablan de más de 50 millones de muertos en este proceso. Esto no significa que los pueblos no resistieron: la experiencia del Quilombo de los Palmares en Brasil, que perduró un siglo entre el siglo XVI y XVII, las luchas Mapuche que garantizaron la autonomía del Wallmapu, su territorio ancestral hasta el siglo XIX, y todas las guerras indígenas en contra los colonizadores, son ejemplos del espirito que todavía nos pone en movimiento.

La coyuntura en que nos situamos contemporáneamente es el consenso extractivista, que también es un consenso patriarcal erigido por este largo proceso colonizador comandando por hombres blancos, que sostiene los gobiernos de turno de los estados que dicen que se independizaron de las metrópolis europeas, por medio del ordenamiento de las cadenas de commodities. Estas, por su vez, por medio de la burguesía agraria de los países de Abya yala, cuentan con el control de largas porciones de tierra y, en especial en este momento, la búsqueda por el control de lo que es producido, más que la propiedad directa de la tierra (Adoue, 2025). Su avance en tierras todavía no mercantilizadas ambiciona tierras públicas y colectivas a pasos largos, sea para minería/garimpo, monocultivos de soya/maíz transgénico y eucaliptos/pinus o ganadería, entre otras formas en que el extractivismo se materializa en el país – y en todo el continente.

Hay una nueva dinámica de las cadenas extractivistas, con nuevas estratégias, que es la integración de tierras indígenas, quilombolas y otros pueblos tradicionales y de asentamientos de reforma agraria y de la agricultura familiar para la producción de commodities. Hay variables, por ejemplo, en la Amazonía con el garimpo y aún más contemporáneamente, con los créditos de carbono. El esfuerzo de las cadenas y sus representativos en el gobierno es ahora relativizar los marcos legales para el uso de la tierra, como ha pasado con sucesivos gobiernos de manera más acelerada o gradual. Esta dinámica degradación y desapropiación en contra los pueblos. Los precios de las mercadorías producidas en la tierra son flotantes y esto explica el ventajoso que es, por ejemplo, rentar la tierra en lugar de inmovilizar capital en su compra – consecuencias de la finaciarización de la agricultura.

Dicha presión exige de las grandes empresas y diferentes puntos de la cadena de extracción que profundicen su fuerza política y militar y vínculos estrechos con el poder público. Desde la Ley de Tierras de 1850 en Brasil, por ejemplo, cuando fue legalizada la propiedad de la tierra por compra o herencia, las oportunidades de negocios creadas por el aumento de la demanda de insumos para la segunda revolución industrial en Europa y Estados Unidos, la producción en larga escala fue intensificada por medio de la concentración de la propriedad de la tierra. En aquel tiempo, las tierras ancestrales indígenas y de pueblos tradicionales fueron consideradas ilegales, y se creó condiciones legales para expulsar estas personas intensificando el genocidio (Adoue 2025)1. Canudos (1896-1897), al final del siglo XIX, es un ejemplo de la primera revuelta popular enfrentada por el ejército de la república brasileña. Aunque duramente masacrada, el espirito de canudos sigue inspirando a generaciones de luchadores, así como las grandes revueltas indígenas de aquel tiempo.

Lo que está pasando en este momento reactiva la destitución de las tierras ancestrales y tradicionales de sus garantías legales y permite que sean transformadas directamente en activos para el mercado mundial. Más allá, la reciente invasión y agresión contra Venezuela por los EUA es un modelo para lo que está pasando y va a pasar en toda Abya Yala, tramado por la continua nakba Palestina, por los ataques contra Rojava y la nueva partición del llamado medio oriente. La reciente masacre en Rio de Janeiro, con centenas de muertos, los masacres recientes en contra pueblos indígenas, tradicionales y campesinos también se suman a este escenario, por medio de fuerzas militares estatales, milicias de tierratenientes y narcotraficantes con el apoyo directo de muchos sectores del estado brasileño. Pero sabemos que las fuerzas por detrás de esto son las mismas fuerzas imperialistas que hoy están atacando Rojava, como Estados Unidos y israel – uno de los más grandes exportadores de fertilizantes agrícolas para el extractivismo Brasileño y también de tecnología bélica, la misma que ataca a la gente en las favelas y territórios indígenas y tradicionales.

Pero, parafraseando Silvia Adoue, los pueblos emergen como barreras ontológicas, cosmopolíticas y materiales contra la integración de los territorios a las cadenas extrativistas. Hoy son 391 pueblos y alrededor de 294 lenguas indígenas en Brasil. ¿Como coordinar sus luchas por tierra y libertad? El paradigma del confederalismo democrático puede ser un camino posible. Estos pueblos, como nos dijo Öcalan, o “sociedades naturales” en su teoría, siguieron por el río de la modernidad democrática, donde los “valores de la sociedad democrática resisten” por medio de espacios-territorios, territorios de existencia que son alternativas reales a la modernidad capitalista, espacios de acción y reproducción de la vida donde se establecen relaciones sociales otras. Nego Bispo, Antonio Bispo dos Santos, Mestre quilombola y luchador por la madre tierra que se juntó a sus ancestros en diciembre de 2023, dice que necesitó “llegar a la naciente de la humanidad, pues nadie conoce al río por medio de una inundación: la inundación es pasajera. Si miras la inundación, no conoces al río. Se puede conocer al río si conoces la naciente, que es lo que da perennidad y caudal al río: o sea, no se puede comprender los caminos de un pueblo sin comprender la naciente de su caminada, de donde viene este pueblo”2.

Por lo tanto, en esta naciente están los valores de la modernidad democrática, defendidos en nuestro país y continente por muchas rebeliones en marcha, como las retomadas. La retomada, acto de recuperar la tierra y el territorio, es un movimiento y una categoría propia de los pueblos indígenas de Brasil, con fuerte vanguardia de las mujeres, que puede extenderse a otros pueblos y comunidades tradicionales (por ejemplo, los quilombolas), más allá de las fronteras de los Estados. Pueblos tan diversos como los Guaraní y Kaiowá, Terena, Kinikinau, Mbyá Guaraní, Xokleng, Kaingang, Tupinambá, pataxó, pataxó hã-hã-hãe, kariri xocó, munduruku, gamela, avá canoeiro, xukuru kariri, Maxakali, Kamakã Mongoió, Mura, entre otros, han llevado a cabo históricamente recuperaciones de tierras en todo el país, reivindicando la autonomía, la demarcación o la autodemarcación de sus territorios ancestrales. En otros lugares del continente latinoamericano, las recuperaciones se denominan recuperaciones territoriales, como las protagonizadas por el pueblo mapuche.

Mediante la recuperación directa del territorio (o parte de él) reclamado, los pueblos indígenas regresan a zonas de ocupación tradicional superpuestas por no indígenas que adquieren las tierras con el consentimiento del Estado y el peso histórico de la colonización. Se trata, por lo tanto, de “acciones colectivas que tienen por objeto restablecer definitivamente la posesión indígena sobre las zonas tradicionales que les fueron expropiadas” (Cardoso, 2018).

Desde el inicio de la colonización, se sitúan como parte de los enfrentamientos contracoloniales a las cosmofobias eurocristianas, como también dice Nego Bispo. Surgen para recuperar formas de convivencia y coexistencia afectadas por la violencia de las invasiones europeas en Abya Yala. La recuperación no es estrictamente de la tierra, sino que entrelaza la memoria, las relaciones, los conocimientos, las prácticas, los vínculos, la lengua, el arte, la regeneración ecológica, la identidad, la política, la alimentación, el paisaje y un sinfín de dimensiones de la existencia colectiva amenazadas, usurpadas o interrumpidas por los blancos «comedores de tierra-bosque» (Albert, 2015:334).

En este sentido, las recuperaciones están implicadas en una defensa de la vida y, por lo tanto, como formas de resistencia ante el asedio a lo común, a la reproducción de la vida. La experiencia de estos antagonismos se da en el campo de su imposible coexistencia, de la crítica y conflictiva espacialidad ocupada por el latifundio y los neoextractivismos que tensan los territorios indígenas y tradicionales. Es importante recordar que, en el día de hoy, 7 años atrás, ocurrió el crimen de la empresa de minería Vale en la región de Brumadinho, en Minas Gerais, que asesino a 272 personas y dejó un rastro de destrucción, lama tóxica, ríos muertos y mucha gente enferma. En los territorios recuperados, al contrario, es posible volver a plantar, permitir la regeneración de áreas degradadas y avanzar hacia la autonomía alimentaria, energética, hídrica y pedagógica, así como en el ámbito de la salud y los cuidados colectivos, la autodefensa y otros, en contra estes proyectos de muerta en contra nuestras tierras. Las retomadas son el rechazo de las dependencias y la escasez generadas por el modo de ser capitalista y patriarcal generando un efecto de recomposición de la tierra y todas sus relaciones.

Es precisamente este conjunto de factores el que sitúa las retomadas en una guerra de mundos, comprometidas en sus colectividades con la dinamización de ejercicios de contrapoder, contrainstituciones y otras formas de reproducción de la vida que contrastan con los modos de ser impuesto por la colonización.

La poética insumisa de las retomadas anuncia el poder de otras relacionalidades y formas de hacer política que identificamos con profundos vínculos también en Rojava y la Administración Autónoma Democrática. Su carácter insurgente abre una encrucijada de devenires y contrapoderes basados en la ancestralidad, como territorialidades insurgentes tejedoras de los mundos que afloran desde las ruinas del capitalismo.

Esta poética está en harmonía con Rojava; esta poética – o cosmopoética – es lo que une nuestras vidas y lo que hizo posible resistir a 5 siglos de colonización en Abya Yala, y a miles de años de dominación estatal y patriarcal en la Mesopotamia. Mañana, en el marco de 11 años de la liberación de Kobane, afirmamos: Rojava es invencible, invencible como las tierras y la fuerza ancestral de nuestra gente, que enraíza la esperanza en el espíritu apoísta como puente para nuevos amaneceres luminosos. Otras Rojavas ya están nasciendo.

Bijî berxwedana Rojava!

Bijî Serok Apo!

1 https://desinformemonos.org/brasil-por-tierra-y-territorio-de-retomadas-y-recuperaciones/.

2 https://tocaia.info/edicao/o-movimento-e-a-ginga/.

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