¡Las camaradas Sara, Rojbin y Ronahi son inmortales!

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Han pasado ocho años desde que nuestras camaradas Sakine Cansiz (Sara), Fidan Dogan (Rojbin) y Leyla Saylemez (Ronahi) fueron asesinadas a sangre fría por un agente del servicio secreto turco el 9 de enero de 2013. Tanto entonces como hoy, no hay duda de que la orden para el sangriento acto fue dada en el palacio del dictador turco Erdogan. El asesino actuó bajo las instrucciones directas de los principales líderes del gobierno turco y su aparato de inteligencia. Ni la judicatura francesa ni ninguna de las instituciones europeas responsables hicieron esfuerzos serios y creíbles para investigar este sucio crimen. Con la muerte del asesino en la prisión francesa en 2016, pocas semanas antes de que comenzara el juicio, el caso quedó en suspenso y las personas que realmente estaban detrás de él, siguen impunes hasta el día de hoy. Considerando el comportamiento de las autoridades francesas y europeas, debe asumirse que los servicios de inteligencia europeos estuvieron involucrados en la Masacre de París. De hecho, el triple asesinato de las tres revolucionarias es mucho más que una liquidación política, es un ataque y una conspiración pérfidamente orquestada contra la línea ideologíca de la liberación de la mujer y de todo el Movimiento de la Libertad. La Masacre de París debe entenderse como la respuesta del sistema de dominación masculina y su manifestación más brutal y opresiva, el sistema de la Modernidad Capitalista, contra el papel dirigente y la autoorganización de la mujer en la lucha revolucionaria. De esta manera, las propias víctimas también fueron elegidas por los asesinos conscientemente y con un cálculo preciso. El mensaje de esta acción no podía ser más clara.

Sakine Cansiz, con su práctica revolucionaria y su compromiso inquebrantable, simboliza la línea de la mujer libre en la lucha del Movimiento de la Libertad y con su vida se ha convertido en un ejemplo e inspiración para millones de mujeres jóvenes de todo el mundo. Con su fervor inquebrantable y su profunda comprensión de la filosofía política, el modo de vida y el paradigma de la dirección del Movimiento de la Libertad de Abdullah Öcalan, ella allanó el camino de la Revolución de la Mujer desde sus primeros pasos en la lucha por la libertad hasta su último aliento. Además, su presencia, incluso más allá de la muerte, todavía puede ser vista y sentida con toda su fuerza en cada momento de la lucha, no importa en qué lugar miremos. Con su insistencia en la posibilidad de una coexistencia libre e igualitaria de mujeres y hombres, libre de cualquier forma de dependencia y dominación, insistió en la viabilidad de la propia revolución. Para la pregunta de si una verdadera perspectiva de liberación aparecerá o no en el horizonte de nuestra lucha, sólo puede responderse si logramos superar las relaciones destruidas, insalubres y degradantes entre mujeres y hombres y limpiar la relación entre los sexos de la suciedad y la mugre de milenios de esclavitud. La sociedad liberada por la que luchamos no puede esperar a un escenario post revolucionario, sino que debe encontrar una expresión viva hoy en el aquí y ahora, en las relaciones entre los que luchan entre sí. Si la libertad, la democracia y el socialismo han de ser algo más que una bella utopía y unos términos retóricos de lucha, hay que encontrar los medios para recrear a fondo la personalidad de mujeres y hombres, deformada por el patriarcado, en una lucha común y sentar las bases de una vida libre con valor, honestidad y voluntad de sacrificio. Tanto el éxito como el fracaso de nuestra lucha dependen directamente de la respuesta y la solución a esta cuestión. La respuesta, a su vez, sólo puede ser proporcionada de manera práctica. Inspirada e impulsada por los análisis y escritos de Abdullah Öcalan, Sakine Cansiz siempre ha sido la representante más decidida de esta línea, oponiéndose resueltamente a cualquier forma de subordinación y esclavitud. En las mazmorras del fascismo colonial turco, se puso de pie valientemente frente a los esbirros y verdugos del régimen y les escupió en la cara su desprecio por su sucio sistema. Rechazando la rendición impuesta y eligiendo con clara conciencia el camino pedregoso de la resistencia, se convirtió en una representante viva de la resistencia apoísta, durante una época en la que trataron de sofocar el aún joven movimiento en las prisiones. Como vanguardia del Movimiento por la Libertad de las Mujeres del Kurdistán y una de las más firmes representantes del libre albedrío de las mujeres kurdas, se convirtió en el blanco de las tramas asesinas de los colonialistas turcos.

Fidan Dogan, en su función de representante diplomática de la lucha de liberación, se convirtió para muchos en el rostro de la Revolución de las Mujeres y del Movimiento de la Libertad. En la línea de la diplomacia popular, su preocupación más profunda era llevar el paradigma de la Modernidad Democrática y la filosofía de Abdullah Öcalan a otras personas y crear un entendimiento para la Revolución del Kurdistán. Con sus incesantes esfuerzos, se convirtió en un puente de entendimiento para superar las divisiones entre los pueblos abiertas por los imperialistas. El imperialismo no teme más que el fuego de la Revolución del Kurdistán se extienda a otras partes del mundo, por lo que el aislamiento del Movimiento por la Libertad del resto de la humanidad progresista es su máxima prioridad. Con el aislamiento total organizado internacionalmente contra Abdullah Öcalan y una incomparable política mundial de criminalización y difamación, la Revolución del Kurdistán se verá privada de su voz y se hará invisible. Fidan Dogan luchó con todas sus fuerzas y todos sus esfuerzos para romper el aislamiento total en la prisión unipersonal de Imrali y para asegurarse de que la voz de la libertad se oiga más allá de todos los muros de la prisión. Por último, pero no menos importante, fue asesinada porque se atrevió a hablar públicamente como mujer y a denunciar los crímenes del sistema imperialista y del fascismo turco.

Leyla Saylemez, como valiente activista del Movimiento Juvenil Revolucionario, representa la aspiración a la libertad y la dinámica de la joven mujer kurda. Como hija de la diáspora, criada en el corazón de la bestia capitalista, reconoció el feo rostro de este sistema a una edad temprana y, como respuesta decidida y radical a la asimilación y la alienación, se dirigió a las montañas libres del Kurdistán. Como guerrillera en las montañas del Kurdistán o como combatiente por la misma causa en las calles de Europa, Leyla Saylemez trabajó y luchó continuamente, con determinación y sin miedo contra un sistema que trata de cautivar a la juventud con engaños, mentiras y demagogia. No se dejó cegar por el falso glamour de la metrópoli europea y una vida completamente vacía y sin sentido. Su objetivo declarado siempre ha sido arrancar a la juventud de la prohibición de la falsa y liberal promesa de “libertad” anunciada en Europa y ganarla para la lucha revolucionaria. Todo sistema de opresión utiliza a la futura generación para poner sus planes en acción. Con instituciones educativas, propaganda estatal a nivel de lavado de cerebro y violencia directa, la juventud se hará dócil y utilizable para la maquinaria de explotación y opresión. Cuando Abdullah Öcalan dice que un joven que lucha por la libertad no puede ser detenido por nada ni por nadie, está describiendo un hecho del que incluso los estados son muy conscientes. Leyla Saylemez fue asesinada porque se atrevió a liberar el potencial revolucionario de las jóvenes y lo canalizó en la lucha contra este sistema.

Sakine Cansiz, Fidan Dogan y Leyla Saylemez no fueron simplemente asesinadas, sino que se convirtieron en víctimas de un sistema mundial sanguinario y genocida. Un sistema que día tras día esclaviza y explota la naturaleza y la humanidad, humilla a miles de millones de personas y las priva de su dignidad, y cuya mentalidad destructiva se lleva la vida de innumerables mujeres cada día. Cada día que no se ha roto la regla de este sistema es un día en el que miles de asesinatos, saqueos y violaciones son parte integral de su llamada “normalidad”. La Masacre de París es un símbolo de todos los incontables crímenes de este sistema y representa en su perfidia la quintaesencia de la mentalidad patriarcal de la Modernidad Capitalista. No dejar este crimen impune, llevar a los culpables ante la justicia y vengar a nuestras camaradas es nuestra responsabilidad y deber. La respuesta a los hechos sangrientos de este sistema sólo puede darse a través de una lucha global, decidida y organizada. Como jóvenes internacionalistas en la Revolución de Rojava y el Noreste de Siria, vemos como nuestro deber fortalecer la organización autónoma de las jovenes mujeres en todos los ámbitos de la vida y la lucha, y con la implacable difusión de esta lucha, hacer que todos los ataques, asesinatos e intentos de liquidación se queden en nada. Recordar a las camaradas caídas significa para nosotras llevar su lucha a la victoria. Cuidar el legado de la lucha por la liberación de la mujer, defender y avanzar en esta lucha y sus logros, consideramos como nuestra responsabilidad histórica.

Con motivo del aniversario de la Masacre de París, nosotras, como jóvenes mujeres de la Comuna Internacionalista, anunciamos nuestra presencia en las redes sociales de Twitter e Instagram.

Consideramos que es un importante paso adelante para dar más visibilidad a las perspectivas y pensamientos de las jóvenes revolucionarias, y lo vemos como un comienzo para estar a la altura de nuestra responsabilidad hacia las caídas. Internacionalizar la lucha de Sara, Rojbin y Ronahi y convertirla en la lucha de las jóvenes de todo el mundo es la mejor respuesta que podemos dar a la conspiración, la masacre y la política de exterminio.

¡Las camaradas Sara, Rojbin y Ronahi son inmortales y viven en nuestra lucha!