«Conocí a Lorenzo en nuestra base cuando me uní a Têkoşîna Anarşîst. Él no estaba allí. Pasé un par de semanas con otros amigos. Era invierno, hacía frío cuando heval Têkoşer llegó con otros compañeros. Lo conocí en ese momento. Venía del frente. Estaba sucio y tenía frío. Creo que estaba muy cansado. No era su primera rotación en Deir ez-Zor.
Nos encontramos, hablamos un poco, aunque no era muy hablador en general, aunque tenía un carácter muy cálido. En las semanas siguientes, llegué a conocerlo un poco mejor. Lo primero que me llamó la atención de él fue su aspecto, su forma de ser, su presencia en nuestro espacio común. No era muy alto pero era una persona fuerte y tenía una actitud firme.
Heval Têkoşer era sumiller de profesión, muy bueno en su oficio. Sabía cocinar bien. Partiendo de la nada, de lo que nos trajera la logística, podía hacer cualquier cosa con lo que teníamos a nuestro alcance. Era capaz de preparar algo realmente bueno con eso. Para ocasiones especiales, hacía gnocchi; encontraba ingredientes muy especiales para este plato. Se esforzaba de verdad por preparar algo bueno para los amigos.
Yo también intentaba hablar con él, pero, como he dicho, no era muy hablador. La mayor parte del tiempo, tal y como lo recuerdo, estaba sentado en nuestro patio, escribiendo su diario, plasmando sus recuerdos del frente, lo que vio en la Revolución de Rojava, lo que vivió y la gente que conoció.
En verdad, heval Têkoşer era una persona a la que se llega a conocer mejor en el trabajo conjunto y en la vida cotidiana. Así que, en un par de semanas, yo también logré conocerlo un poco mejor.
Recuerdo que tuve la primera reunión con él. Estábamos discutiendo alguna cuestión controvertida y recuerdo que nuestros puntos de vista no coincidían. Recuerdo que salí de esa reunión con una sensación; me decía a mí mismo: «Vale, va a ser difícil con este tipo; no va a ser fácil con este camarada».
La verdad es que fue así: en las semanas siguientes no fue fácil conocerlo, pero recuerdo que hubo otro suceso que tuvo lugar en nuestra base donde vi su corazón, donde vi lo profundo que es su corazón. Un compañero nuestro tenía un problema y tuvimos tekmil. Heval Têkoşer empezó a criticar a este amigo y, cuando escuché cómo hablaba y lo que decía, realmente conocí a una nueva persona; me di cuenta de que no había llegado a conocer bien a heval Têkoşer.
Sus palabras, su enfoque de la crítica y la perspectiva que le ofrecía a ese amigo eran, en realidad, de amor, y por la forma en que hablaba, se notaba que partía de la camaradería y la empatía; hablaba desde la empatía. Fue una perspectiva profunda y honesta la que le ofreció a ese amigo.
Al escucharlo, cambié realmente mi opinión sobre este amigo. Me di cuenta de que yo también había sido superficial en mi juicio sobre él y esto me enseñó una lección muy importante. A veces podemos tener contradicciones, a veces puede que no seamos los mejores amigos, pero cuando alguno de nosotros cae como mártir, en ese momento el significado de ser compañeros muestra su verdadera esencia.
Me di cuenta del valor y de lo preciosa que es nuestra amistad, nuestra camaradería, el hecho de estar en el mismo grupo, en la misma organización es algo que se construye con el tiempo y quizá una persona no vea su verdadero valor de inmediato, y heval Têkoşer era así y hacía falta algo de tiempo para poder entender su personalidad.
No era un combatiente unidimensional ni nada por el estilo. Era una persona muy inteligente. Se esforzaba mucho por aprender kurdo y por escribir, estudiar, aprender cosas; leía muchos libros.
Estaba forjando buenas relaciones con los compañeros que nos rodeaban. Por supuesto, a veces había conflictos y el temperamento apasionado de heval Têkoşer se manifestaba en esos momentos. Si le provocaban o se enfadaba, podía decir muchas cosas que te ponían los pelos de punta, pero cinco minutos después ya se había olvidado del incidente. No guardaba rencor. Valoraba la importancia de las buenas relaciones con los compañeros. Creo que en esto hay una buena lección que aprender.
Sí, los compañeros recordamos a heval Têkoşer como un luchador intrépido que tenía experiencia en Afrîn, que tenía experiencia en Deir-ez-Zor, que no temía defender la causa por la que había venido, para apoyar la Revolución de Rojava. Creía verdaderamente en los valores de la liberación de la mujer y de la democracia. Aportó su granito de arena. Y quizá pueda contar una anécdota sobre él.
Heval Têkoşer tenía algunas peculiaridades. Una de ellas era el nobet (guardia). Como sabréis, si tenéis experiencia en el nobet, en hacer guardia, a veces los compañeros pueden engañarte cuando los despiertas. No se despiertan, pero te dicen que se han despertado. Pero heval Têkoşer no era así. Para despertar a heval Têkoşer, había que aprender un procedimiento específico. Tenías que acercarte y despertarlo hasta oír un sonido, como un gruñido que significaba que se había despertado. Después de eso, no hacías nada más. Le dejabas fumar su cigarrillo en la cama. Y luego, desde el momento en que se despertaba, 10 minutos más tarde sin falta, él estaba en su puesto con un cinturón de munición, con su arma, listo para hacer guardia.
Pero si tenías mala suerte e intentabas llevarlo más allá e intentabas sacarlo de la cama, muy pronto te encontrarías con un italiano enfadado y malhablado. Así que era muy importante para el camarada Têkoşer despertarse, acostumbrarse a la idea de que no solo tenía que despertarse, sino que también tenía que hacer guardia por la noche. Y en el frío, si le dabas esos 10 minutos para acostumbrarse a esa idea, allí estaría sin falta.
Aquí tenemos la lápida conmemorativa de heval Têkoşer, la colocamos allí para conmemorar su contribución a la lucha y en su memoria. Es solo una lápida conmemorativa, aquí no hay tumba. Conseguimos enviar su cuerpo de vuelta a su tierra natal, pero aquí a veces venimos a sentarnos y pensar en nuestro compañero, que cayó mártir. La contribución que ha hecho, el sentido que tuvo su vida, para saludarlo un poco.»